Notas seleccionadas del libro " Hacer el verso". Apuntes, ejemplos y prácticas para escribir poesía (Buenos Aires, Sudamericana, 1999) por Marcelo di Marco
46.
Escribir es darle lugar al que lee Bien
decía Novalis
que ciertas palabras le corresponden al lector y no al poeta.
Por ejemplo, no gano nada si digo: Me siento
insignificante pero sin embargo
tengo grandes esperanzas. ¿A
quién le importo escribiendo de este modo? Tal vez a mi terapeuta, al cura o a
algún amigo preocupado por lo que yo siento. Sucede
que no es lo mismo ser simple que ser simplote. Ser claro en poesía no
significa, apenas, que a uno lo “entiendan clarito”. No debemos confundir
concisión y claridad con un mero telegrama, seco y soso: Me siento
insignificante pero sin embargo
tengo grandes esperanzas. En
literatura las cosas no funcionan de esa manera lisa y chata: el verdadero toque
poético lo lograré transmitiendo con palabras realmente expresivas esa mezcla
de “insignificancia y esperanza”, si es eso lo que quiero decir. Y por
“expresivo” entiendo aquello que se atiene al juego de toda comunicación:
expresar es, siempre, un “para”. Lo que expreso sale de mí —o, mejor dicho, pasa
por mí— “para” llegar al otro. En todo caso, la oración “Me siento
insignificante pero sin embargo tengo grandes esperanzas” es una resultante,
un corolario que debería correr por cuenta del lector, que así se encargaría
de reponer —de completar, digamos— lo que el artista dejó latiendo, implícito,
en el discurso. Convengamos
que no es lo mismo decir, como todo hijo de vecino: Me siento
insignificante pero sin embargo
tengo grandes esperanzas. que,
como Fernando Pessoa
en el arranque de su “Tabaquería
”: No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer
ser nada. Aparte de eso,
tengo en mí todos los sueños del mundo. Moraleja:
la literatura se hace de a dos. 47.
Mixtura fina Hace
unos diez años leí cierta encuesta que me llamó la atención. No recuerdo qué
medio les preguntaba a los escritores del momento cuáles eran las palabras más
bellas de nuestro idioma. Creo que las palmas se las llevó “crepúsculo”, o
algún término parecido… A mi
entender, el asunto es una reverenda tontería. No existen palabras más o menos
bonitas que otras. Baste observar con detenimiento los tan “bellos” términos
que usa Fernando Pessoa
en la lección de humildad que citamos en la nota anterior: Ser. Nada. Nunca. Poder. Querer. Aparte. Eso. Tener. Sueños. Mundo. La
poesía no precisa más que de palabras. Palabras a secas. Palabras
“comunes” como las de Pessoa
, o “primorosas” como las de
Lugones: El cerro azul
estaba fragante de romero, y en los
profundos campos silbaba la perdiz. El
secreto está en la fusión, en la amalgama de realidades divergentes, incluso
contrapuestas, que logra el poeta. Esta convergencia de elementos me recuerda a
los componentes de una escultura móvil: al entrechocarse azarosamente, se
proyectan hacia una zona insospechada de la sensibilidad, creando así otra
realidad (paradójicamente ideal, abstracta). Piensen en ese par de versos de
Lugones, por poner un ejemplo: en apenas dos líneas el poeta nos ha bombardeado
la vista, el olfato y el oído. ¿Y cómo debemos leer lo de “profundos
campos”? Sin duda, en una profundidad que trasciende lo paisajístico. La
belleza de las palabras dependerá de que el poeta y el lector las combinen en
una dimensión otra, pero común a los
dos. Una divergencia convergente, diríamos. El lenguaje de la poesía consiste
en eso. Por tal camino iba César Vallejo
cuando afirmaba que para renombrar la realidad no era
necesario encontrar nuevas palabras sino nuevas metáforas. Entre
la mera crónica y lo poético hay un abismo. Si el arte fuera igual que la
vida, no tendría razón de existir. 48.
Distinguiendo entre manteca y margarina No es
preciso ser demasiado astuto ni viejo para darse cuenta de que la vida es como
es: un caos perfecto. Cada mañana el hombre propone… y no advierte la teja
floja o la amante perdida que están esperándolo justo al cruzar la calle. Y a
la poesía le encanta hundirse en ese maremágnum de posibilidades. Abriéndose
camino entre los gritos y la confusión aleatoria de lo cotidiano, el poeta
rescata lo insólito, lo inusual que subyace en lo frecuente. Su despierta
mirada filtra lo que ve y lo transforma en música de palabras. Verdaderamente,
quien logra escribir en clave poética vuelve a ordenar el mundo. Es como si nos
raptara de todo y nos dijera: “¡Vea, vea y advierta las cosas como son!”. A mí
de chico me secuestraron. Me hicieron navegar en un barco ebrio mientras me
arrojaban flores hediondas desde el abismo al son del estribillo de un cuervo
nocturnal. Todavía me tienen maniatado, y confieso que a veces me permiten uno
que otro balbuceo. Aún escucho con nitidez aquellos primeros versos que
llegaron de la mano de Rimbaud
, Baudelaire
y
Poe
. No los leo hace tiempo, pero los
estoy escuchando ahora. Los escucho más nítidamente a ellos, tan distantes,
que a ese poemita escuálido y estridente que me aburrió ayer nomás. Si el
poema no conmueve, si el poema no encandila la mirada del otro y la dirige hacia
ese deslumbrante reordenamiento de las cosas, no es un poema. Si no logra
arrebatarnos del mundo para siempre, no es un poema. Se tratará, apenas, de una
sucesión de líneas más o menos parejitas, escritas a veces con cierta
habilidad. Y nada más. Quizá logre causarnos sorpresa o un ligero extrañamiento.
Tal vez consiga hacernos olvidar por un rato la perfección del caos. Pero
no durará. 87.
Desempolvando el mecano Casi todos los poetas con que me entrevisté hasta ahora se han
referido a esa articulación, a esa ensambladura de bisagras y engranajes que
encajan entre sí para organizar la vida del poema. La estructura no es un elemento más del poema: constituye
el poema mismo. Consiste en un juego de tensiones contrapuestas, en una conjunción
inédita de atracciones y de rechazos que, de alguna manera —en Hacer
el verso estamos compartiendo más de una—, enlaza los componentes del
poema para echarlo a andar. Porque de eso se trata: de que la cosa camine. El poema tiene
que andar. Debe andar. Si no, está muerto. En narrativa, lo mejor que podemos hacer para darle cuerda a las
cosas es acicatear el interés del lector. En poesía, deberemos mantener
despierta su emoción. Piensen en su propia experiencia. A veces decimos que tal o cual
película “no tiene argumento”. Falso: argumento siempre hay. Tal vez lo que
le falte a la película sea una adecuada estructuración de los elementos que
intervienen en ese argumento. Comparen estos dos momentos narrativos: a) Juan estaba muy
triste por la muerte de su madre. b) La última palada
de tierra cayó sobre el ataúd. Juan, con lágrimas en los ojos, recordó el
tiempo en que su madre lo llevaba a jugar al parque. Qué cambio, ¿verdad? El concepto es el mismo tanto en uno como en otro pasaje, pero
ambos son absolutamente distintos. Noten sus diferencias estructurales: En el ejemplo a), poquísimo digo y a nadie conmuevo. No hay emoción.
Tal vez, sí, mera información: la estructura, lisa como la nada, es de una
ramplonería tal que la oración sirve apenas para “enterar” al lector
acerca de una circunstancia equis (de paso aclaremos que no se debe confundir
ese estilo insuficiente con la verdadera precisión, que poco tiene que ver con
la telegrafía y la exigüidad). En el ejemplo b) se logra interesar al lector, que ahora no sólo
lee sino que también vive. Y para que
viva, con Juan y a través de Juan, ni siquiera hace falta consignar la palabra
“tristeza”: los elementos están estructurados de tal modo que el
sentimiento de tristeza —o de nostalgia o de melancolía, quién sabe— cubre
toda la escena, incluso el pasado del protagonista. ¨
Confiéranles peso
poético a las siguientes oraciones “informativas”. Traten de que el lector viva
cada situación: Me gusta el mar
por la mañana. Estás muy
hermosa con esa nueva tintura. La casa de los
abuelos es encantadora. El petiso vive
embroncado por la situación. Carlos se cansa
de ir al centro. ¨
Una ayudita: pueden
empezar descubriendo qué elementos están contenidos en cada una de las
situaciones (relean los que aparecen en el ejemplo b: palada, tierra, ataúd,
etc.). Después intenten desarrollar con ellos una estructura mayor. No se trata
de escribir poemas, sino de exprimir todo lo posible el concepto (el qué)
de las oraciones apuntadas: basta con anotar varios renglones para cada una. Con su estilo incomparable, Huidobro
llamaba “partida de
ajedrez contra el infinito” a la combinatoria poética apasionada y
apasionante. Pues bien: procuren jaquear, si bien no al infinito, por lo menos
al lector. ****** Notas
seleccionadas de Taller de corte &
corrección. Guía para la creación literaria (Buenos Aires, Sudamericana,
1999) 16.
Una poesía experimental En
el uso del hipérbaton, Góngora
fue Maradona
, el non plus ultra
de las trasposiciones. Hay quienes dicen que hasta se le fue la mano. Lo cierto
es que a nosotros, poco familiarizados con el saber de su época, nos cuesta
leerlo a primera vista. Y también a segunda vista. “Es necesario
profundizar”, explican los que saben. Y tienen razón: podemos entrar en los
vericuetos gongorinos sólo gracias a los estudios de eruditos como Dámaso
Alonso
, que solía cumplir con la hazaña de recitar de memoria las
sesenta y tres estrofas de la Fábula de
Polifemo y Galatea
. Pero, dejando a un lado el libro Guiness, me gustaría comentar un momento del Polifemo para mostrar, en la próxima nota, cómo valernos del hipérbaton.
Veamos la descripción de la caverna del cíclope: De éste, pues, formidable de la tierra bostezo,
el melancólico vacío a Polifemo, horror de aquella sierra, bárbara choza es, albergue umbrío. Clarísimo,
¿verdad? Hablando
en serio, me detendré en la “traducción” de los versos, para que se
entienda mejor lo que diré acerca de aquel
formidable de la tierra bostezo. Según la versión de Dámaso Alonso
, Góngora
acaba de expresar
esto: El triste hueco de este formidable bostezo de la
tierra (el hueco de esta enorme gruta) sirve al gigante Polifemo, horror y
espanto de aquellos montes, de bárbara choza, de sombrío albergue [...] Los
comentaristas destacan la violencia del hipérbaton; el orden lógico sería
“formidable bostezo de la tierra”, para significar “el agujero de la
gruta”, como apuntó Alonso
en su versión en
prosa. Pero hay algo más: la ruptura que se produce entre la última palabra
del primer verso (“tierra”) y la primera del segundo (“bostezo”), crea
una pausa que se acomoda al movimiento fisiológico de... un bostezo. De éste, pues, formidable de la tierra bostezo,
el melancólico vacío ¿Qué
tal? Cosas
del barroco. Como
bien dijo Alonso
: Góngora
partía
de la gran libertad —tan expresiva— que la frase castellana tiene para el
orden de sus voces. Pero exageró esa libertad en términos intolerables fuera
de su propio arte. Con la poesía gongorina estamos ya en un límite
experimental. En
la nota siguiente veremos cómo se puede trabajar con el hipérbaton hoy, casi
cuatrocientos años después de Góngora
. 17.
Las vueltas que tiene la frase Sin
llegar a cometer las monstruosidades —o genialidades, según se vea— de Góngora
, hoy se puede escribir con el mismo espíritu, con la misma
intención de expresar las ideas mediante las palabras más adecuadas. A veces
la palabra justa puede cobrar nuevo significado, puede fortalecerse con una
simple torsión. Lo descubriremos leyendo el final de “La madre de Ernesto
”, de Abelardo Castillo
, un cuento ya clásico de nuestra literatura. Si no conocen
la historia, no se preocupen: no voy a arruinarles la fiesta, como hacen
aquellos impertinentes que ya vieron la película y nos adelantan lo que sucederá.
Si quieren leer el texto de Castillo antes de seguir, “La madre de Ernesto”
los espera detrás de Las otras puertas
, libro cuya última reedición lanzó Emecé en 1993. ¿Ya
están ahí? Después pareció haber entendido oscuramente algo, y
nos miró con miedo, desgarrada, interrogante. Entonces fue cuando lo dijo. Dijo
si le había pasado algo a él, a Ernesto. Cerrándose el deshabillé lo dijo. Presten
atención al hipérbaton de la última línea. Degusten la caída
de la frase, que también se apoya en la repetición de la palabra “dijo”.
Hay un tono en ese “Cerrándose el deshabillé lo dijo” que contiene la
emoción del narrador: él estuvo ahí, junto a la madre de Ernesto, en medio de
esa circunstancia que ustedes ya sabrán... y nos lo cuenta, provocando también
nuestro sentimiento. A
pesar de que las palabras son las mismas, no da igual decir Cerrándose el deshabillé lo dijo. que Lo dijo cerrándose el deshabillé. Por
una finalidad estética se ha alterado el orden lógico de la frase. Trasposición,
como en los tiempos de Góngora
. Pero
en prosa, y escribiendo de un modo que cualquiera puede entender. 18.
Jugar con papel picado Lejos
de Góngora
, hoy leemos las palabras “poesía experimental” y
aterrizamos en el París de los años locos. La ciudad era un campo de batalla
en el que surrealistas y dadaístas se quebraban los huesos por imponer sus
revolucionarios estilos de expresión. Pero,
a pesar de los garrotazos, ambos grupos tenían más de una cosa en común.
Entre otras coincidencias, los dos creían en el azar y sus múltiples
posibilidades, y describieron interesantes procedimientos basados en la pura
casualidad. Un par de dichas experiencias pueden resultarles útiles en esos
momentos en que quisieran escribir y nada se digna aparecer. Lean
la fórmula que inventó en 1920 el rumano Tristan Tzara
, pontífice supremo del dadaísmo, para obtener un poema dadá: Tome
un periódico Tome
unas tijeras Elija
en ese periódico un artículo que tenga la extensión que usted quiera dar a su
poema. Corte
el artículo Corte
en seguida con cuidado cada una de las palabras que constituyen ese artículo y
póngalas en una bolsa. Agite
suavemente. Extraiga
luego cada trozo uno tras otro en el orden en que salen de la bolsa. Copie
concienzudamente El
poema será la viva imagen de usted. Y
usted será “un escritor infinitamente original y de una exquisita
sensibilidad, aunque el vulgo no lo comprenda”. Olvidándonos
de la burla y del tono fuertemente provocador, podemos aprovechar el texto para
crear algo legible. Tengan en cuenta que William Burroughs (Expreso Nova) y Severo Sarduy (Escrito
sobre un cuerpo) se valieron de métodos similares y no les fue nada mal.
Aquí va el experimento: ¨
Practiquen el procedimiento de Tzara
,
pero no utilizando un diario sino un texto literario. ¨
Lean la barbaridad “infinitamente original” que
hayan producido. ¨
El azar todo lo puede: es posible que alguna línea
del texto contenga más de una idea o imagen insólitas. Subráyenlas. ¨
Usen las imágenes como células poéticas
generadoras de otras, o como células narrativas disparadoras de alguna
historia. Para lograrlo, relacionen este ejercicio con lo que hemos dicho acerca
de la asociación en la nota 10, y con la práctica que realizaron en ella. 19.
La dicha en acción Trama
y revés al mismo tiempo, la poesía, como la fe, no se explica: se vive. Esto
suena a lugar común, pero es así. Se lo aseguro: pueden pasarse toda la vida
escarbando en los recovecos de los versos para “entender” lo que dicen; sin
embargo, cuantas más sondas le echen al poema intentando capturarlo, más se
alejará de ustedes camino a las profundidades. Quizá
la clave consista en ser menos críticos y más humanos. Según T. S. Eliot
, el mejor crítico es aquel que nos hace amar el poema. Y éstas
no son sólo palabras bonitas. Encierran toda una pedagogía, una filosofía del
gusto. Lean
con esos ojos incontaminados toda la poesía que puedan. Si su temperamento se
corresponde con el de los prosistas, igualmente lean poesía: la palabra justa
es el patrimonio del poeta. Conozco a muchos narradores que partieron de la poesía,
y que en realidad nunca la abandonaron: ella les sopla al oído la palabra
clave, siempre pura, siempre cargada de pasión. Lean
poesía, y entrénense con ella: ¨
Trascriban algún poema en un costado de la hoja.
Pueden usar cualquiera de los textos que aparecen en la nota próxima. ¨
En el borde opuesto intenten escribir su versión en
prosa. Traten de hacerlo con la menor cantidad posible de palabras. ¨
Ahora busquen una prosa que ustedes hayan escrito y
compongan al lado la versión en poesía. ¨
Reflexionen acerca de los problemas que se les hayan
presentado. Una
cosa más, con ánimo de molestar: lean poesía, vivan la poesía. Aprendan
versos de memoria, vuélvanse locos con Catulo
, Gelman
, Poe
, Lorca
, qué sé yo. Busquen las obras completas de Girondo
y Pizarnik
, los libros de los poetas reunidos en torno a las revistas Xul
y
Último reino. Hurguen en Leónidas
Lamborghini
, Madariaga
, Pasini
, Zelarayán
. Busquen en el Diario
de Poesía
y
en El jabalí
. La editorial Libros de
Tierra Firme reúne excelente poesía argentina contemporánea. Si les gusta
navegar por el cyberespacio, visiten InterNauta
Poesía o Electronic Poetry Center. Lean
poesía de todos lados, no sólo la nuestra. Consulten a los libreros: sé de
muchos de ellos que escriben poesía cuando en sus ratos de ocio no están
vendiendo libros. Bienaventurados los que tengan un amigo poeta y librero.
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